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Geopolítica pendular: la postura chilena frente a la Cuestión Malvinas

La Cuestión Malvinas ha constituido uno de los ejes estructurantes de la política exterior argentina desde el siglo XIX, configurando no solo una disputa bilateral con el Reino Unido, sino también un elemento de articulación regional en América Latina. En este marco, la postura de Chile ha presentado variaciones a lo largo del tiempo, oscilando entre posiciones de distanciamiento estratégico y alineamiento normativo con Argentina.


La premisa de las presentes líneas es analizar esta evolución a través del concepto de geopolítica pendular, entendida como la oscilación de la política exterior chilena entre una lógica de realismo defensivo, centrada en la seguridad nacional, y una lógica de cooperación normativa regional, basada en el derecho internacional y la convergencia estratégica.


1982: ruptura del solidarismo regional y primacía del realismo defensivo


La postura de Chile durante la Guerra de Malvinas no puede comprenderse como un fenómeno aislado, sino como el resultado de una configuración estratégica condicionada por el conflicto del Canal de Beagle y la inminencia de un enfrentamiento armado con Argentina en 1978. En este contexto, el régimen de Augusto Pinochet operó bajo una lógica de realismo defensivo, priorizando la preservación de la integridad territorial frente a un entorno percibido como amenazante.



Desde la perspectiva del dilema de seguridad, el fortalecimiento del aparato militar argentino y su potencial éxito en el Atlántico Sur eran interpretados por Santiago como factores capaces de alterar el equilibrio de poder en el Cono Sur, incrementando la vulnerabilidad chilena en sus propias disputas territoriales. En consecuencia, la cooperación logística y de inteligencia brindada al Reino Unido (documentada en diversas investigaciones históricas) respondió a una estrategia de contrapeso.


Este comportamiento, si bien implicó una ruptura con el solidarismo latinoamericano, no constituyó una anomalía irracional, sino una manifestación correspondiente a la lógica de supervivencia estatal en un sistema internacional anárquico. De tal modo, la prioridad del orden estatal sobre la solidaridad regional se impuso en un contexto de alta conflictividad.


Institucionalización del apoyo y convergencia normativa


Con la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984 y la posterior transición democrática en ambos países, se produjo una reconfiguración sustantiva de las relaciones bilaterales. La disminución de la percepción de amenaza permitió a Chile desplazar el eje de su política exterior hacia una lógica de institucionalismo y cooperación regional.


En este nuevo contexto, la posición chilena respecto de Malvinas evolucionó hacia un respaldo consistente a la Argentina en foros multilaterales, en consonancia con las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que reconoce la existencia de una disputa de soberanía e insta a las partes a negociar.


Este alineamiento no solo responde a consideraciones normativas, sino también a una racionalidad estratégica: la consolidación de un orden regional basado en el derecho internacional fortalece la posición de los Estados sudamericanos frente a actores extrarregionales.


Señales de convergencia estratégica y revalorización del espacio austral


En la década corriente, la Cuestión Malvinas adquiere una renovada centralidad en el marco de transformaciones geopolíticas vinculadas al cambio climático, la revalorización de recursos naturales y la creciente importancia de los espacios marítimos australes. En este contexto, el Atlántico Sur y la Antártida pueden ser conceptualizados como parte de un sistema estratégico austral, donde convergen intereses territoriales, energéticos y logísticos.


Desde esta perspectiva, la presencia británica en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur adquiere relevancia no solo en términos de soberanía insular, sino también como plataforma de proyección hacia el continente antártico, donde las reclamaciones de Argentina y Chile presentan una significativa superposición.


En el plano del discurso político contemporáneo, José Antonio Kast, presidente chileno, ha manifestado públicamente una alineación explícita con la posición argentina respecto de las Islas Malvinas. Si bien estas declaraciones no constituyen un curso de acción o proyecto conjunto consolidado, pueden interpretarse como indicadores discursivos de una posible reconfiguración del consenso estratégico en torno a la cuestión.



Este incipiente acercamiento se puede articular en torno a tres columnas:


  1. Proyección antártica: La defensa de los reclamos argentinos puede ser interpretada, desde una lógica estratégica, como funcional a la protección de los intereses chilenos en la Antártida, dada la superposición de reclamaciones.


  2. Control de los pasos bioceánicos: El Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos adquieren creciente relevancia en un contexto de reconfiguración de rutas comerciales globales, lo que refuerza la importancia de una coordinación regional.


  3. Recursos naturales y ejercicio de soberanía: La explotación de recursos ictícolas y energéticos en el Atlántico Sur introduce un componente económico que refuerza la necesidad de consolidar posiciones soberanas.


Estos elementos sugieren una transición hacia una convergencia estratégica austral, donde la cooperación entre Argentina y Chile se presenta como una respuesta que corresponde a escenarios de desafíos comunes.


La pendularidad como estratégica adaptativa


La política exterior chilena respecto de la Cuestión Malvinas permite sostener que su aparente oscilación no responde a una inconsistencia estructural, sino a una estratégica adaptativa. En 1982, la prioridad de la seguridad nacional condujo a una política de contrapeso frente a Argentina; en el período posterior, la estabilización regional habilitó una convergencia normativa basada en el derecho internacional; en la actualidad, emergen indicios de una posible profundización de la cooperación en clave geopolítica.


Desde una perspectiva argentina, esta evolución puede ser interpretada como un proceso de maduración regional, en el cual la superación de hipótesis de conflicto ha dado lugar a una comprensión más amplia de los intereses compartidos en el Cono Sur.


En un sistema internacional caracterizado por la competencia por recursos, la reconfiguración de rutas marítimas y la creciente importancia de los espacios polares, la articulación de un polo estratégico austral aparece como una posibilidad concreta. En este escenario, el apoyo chileno a la posición argentina en Malvinas no solo adquiere un significado jurídico o simbólico, sino que se inscribe en una lógica más amplia de construcción de autonomía regional.



Fuentes


  • Bologna, A. B. (1984). La política exterior de la Argentina y de Chile: El conflicto del Canal de Beagle y la Guerra de las Malvinas. Ediciones Corregidor.

  • Bull, H. (1977). The anarchical society: A study of order in world politics. Macmillan.

  • Child, J. (1988). Antarctica and South American geopolitics: Frozen lebensraum. Praeger.

  • Freedman, L. (2005). The official history of the Falklands Campaign (Vols. 1–2). Routledge.

  • Hastings, M., & Jenkins, S. (1983). The battle for the Falklands. W. W. Norton.

  • Infante Caffi, M. T. (1995). Chile y la cuestión de las Islas Malvinas: Perspectivas jurídicas. Estudios Internacionales, 28(110), 213–230.

  • Jervis, R. (1978). Cooperation under the security dilemma. World Politics, 30(2), 167–214.

  • Keohane, R. O., & Nye, J. S. (2011). Power and interdependence (4th ed.). Longman.

  • Staten, C. L. (2020). The Falklands War: A geopolitical analysis of Southern Cone relations. Palgrave Macmillan.

  • Waltz, K. N. (1979). Theory of international politics. McGraw-Hill.

1 comentario


Muy buen artículo!

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