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Ucrania, el pivote geopolítico: La disputa estratégica entre Rusia y Occidente por el control de Europa del Este

Rusia desde siempre ha tenido una fuerte conexión con su país vecino Ucrania, formaron parte de la Rus de Kiev, una federación de tribus eslavas que es el origen del Estado ruso y ucraniano, respectivamente. Sin embargo, escapando de los lazos históricos y culturales que comparten ambas naciones, se puede entrever que Ucrania ocupa un lugar sumamente estratégico dentro de la política internacional que va más allá de las riquezas que almacena dentro de su territorio. El alineamiento político ucraniano dentro del tablero geopolítico europeo resulta crucial, ya que el mismo puede modificar la dinámica de la política europea, y por esta misma razón es que el actual conflicto ruso-ucraniano es de gran relevancia tanto para europeos como para rusos.

 

Zbigniev Brzezinski en su obra, El gran tablero mundial, nos habla acerca del concepto “pivote geopolítico”, dicho concepto lo utiliza para referirse a aquellos países cuya relevancia no proviene de su poder, sino, más bien, de su posición geográfica y de las consecuencias que su alineamiento puede generar en el comportamiento de otros actores internacionales. Brzezinski tiene en consideración la existencia de cinco pivotes geopolíticos dentro de Eurasia, entre ellos, Ucrania. En palabras de Brzezinski:

 

"Una Rusia sin Ucrania podría competir por un estatus imperial, pero se convertiría en un Estado imperial predominantemente asiático, más susceptible de ser arrastrado a extenuadores conflictos con los países de Asia Central (...).  Sin embargo, si Moscú vuelve a hacerse con el control de Ucrania, con sus 52 millones de habitantes y sus importantes recursos, además del acceso al mar Negro, Rusia volverá a contar automaticamente con los suficientes recursos como para convertirse en un poderoso Estado imperial, por encima de Europa y Asia. La pérdida de independencia de Ucrania tendría consecuencias inmediatas para Europa Central, al transformar a Polonia en el pivote geopolítico de la frontera oriental de una Europa unida." (1998; pp. 71-72)

 

Esto nos demuestra la relevancia estratégica de Ucrania, la cual desde su independencia de la URSS en 1991, siempre ha estado en la mira de Rusia, buscando mantenerla bajo su esfera de influencia. Desde entonces Ucrania ha contado con presidentes más afines a los intereses rusos y presidentes que buscaban resistirse ante los mismos. Por eso mismo, cada acercamiento de Ucrania hacia Europa buscaba ser repelido por Moscú, quien temía que su influencia en Ucrania, y por ende, su puerta de entrada a Europa, desapareciera. Esto mismo se puede ver en los hechos ocurridos entre 2013 y 2014 en Ucrania conocidos como el Euromaidán. En donde la población ucraniana, cansada de los actos de corrupción del presidente pro-ruso, Viktor Yanukovich, verían en el repentino retrocedimiento, impulsado por Moscú, de los acuerdos de cooperación que Yanukovich firmaría con la Unión Europea, la gota que colme el vaso. A partir de entonces empezaron a tener lugar en Kiev y en ciudades occidentales de Ucrania, territorios opositores a Yanukovich y Moscú, una serie de protestas que buscaban un mayor acercamiento del gobierno con Bruselas, a la vez, que una mayor autonomía política en la que Moscú no tuviera injerencia (Cordero, 2024).


 

Ante la negativa del acuerdo con la UE , Yanukovich buscó calmar las protestas a través del establecimiento de un acuerdo comercial con Rusia, reduciendo el precio del gas y fomentando la ayuda económica (Benavides Munera, 2015). Sin embargo, la protestas continuaron, dejando varios civiles muertos, alcanzando el pico máximo de violencia el día 20 de febrero, el cual sería conocido como el “jueves negro”, donde 60 personas perdieron la vida. Tras ese hecho, Yanukovich huyó del país rumbo a Rusia, mientras que en Ucrania se estableció un gobierno provisional que llamaría a elecciones, en las cuales los partidos pro-rusos quedarían completamente marginados (Cordero, 2024).

 

El giro político de Kiev traería nuevos problemas internos, las regiones del este de Ucrania, mayoritariamente rusoparlantes, comenzaron a autoproclamarse repúblicas independientes ante sus desacuerdos con el gobierno central. Existen casos extremos como el de Crimea, que se autoproclamó independiente de Ucrania para posteriormente celebrar un referéndum para anexionarse a Rusia (Cordero, 2024). Y casos como el de Donetsk, Lugansk y Járkiv, en donde su autoproclamación como repúblicas independientes, provocó la reacción inmediata de las tropas ucranianas para combatir a los separatistas prorrusos, logrando el gobierno ucraniano recuperar parte de los territorios perdidos. No obstante, no se logró retomar el control completo de los oblast de Donetsk y Lugansk, lo que llevó a que el conflicto entre el gobierno y los separatistas perdure durante varios años con una menor intensidad (Cordero, 2024).



En 2022, ante los temores de un nuevo acercamiento de Ucrania hacia Europa y occidente, debido al deseo del presidente ucraniano, Vlodimir Zelensky, de llevar a cabo una mayor cooperación con la OTAN y la UE, es que Rusia decidió reconocer a las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk. Permitiendo que los líderes de estas repúblicas separatistas solicitaran ayuda a Moscú, quien acudiría llevando a cabo la denominada, por Putin, “Operación Especial” que tuvo inicio el 24 de febrero de ese mismo año y que continúa hasta día de hoy (Cordero, 2024).


 

Como bien explica Brzezinski, la relevancia que tiene Ucrania para Rusia, más allá de poder beneficiarse de sus ricos recursos naturales y su salida al mar Negro, que Rusia tanto desea, radica en que una Ucrania fuera de su control lo dejaría sin poder de influencia en Europa, especificamente Europa del Este, donde siempre tuvo un gran dominio. Otro punto que no se debe de pasar por alto, es que una Ucrania alineada con la OTAN representaría otro frente de amenaza a la seguridad rusa, ya que el ingreso de los países del Báltico a esta organización representó romper una línea roja que Moscú había establecido a Occidente para asegurar su seguridad. Pero, a diferencia de la actualidad, por aquellos años Rusia se encontraba en recuperación, y no tenía el poder suficiente como para evitar dicha situación. Ahora con el posible alineamiento de Ucrania, Rusia no solamente compartiría fronteras con países OTAN en el Báltico, sino también en el sudoeste del país. Ambas zonas caracterizadas por ser llanas, lo que facilitaría cualquier invasión hacia Moscú, de ahí el temor del Kremlin a dicha expansión.

 

Por su parte, la relevancia que tiene Ucrania para Europa y Estados Unidos se encuentra marcada por la necesidad que han tenido, desde la época de los Zares hasta la actualidad, de contener la influencia rusa en Europa. Con una Ucrania alineada con occidente, Rusia perdería completamente su influencia sobre la región. Además de ser una forma de contener al gigante euroasiático, es una forma para disuadirlo en situaciones que vulneren los intereses de Europa y Estados Unidos.

 

El futuro de Ucrania resulta una cuestión existencial para varios países europeos, de ahí proviene el creciente rearme que se ha estado experimentando en Europa desde el inicio del conflicto. Pero sin lugar a duda queda claro que el conflicto en Ucrania es una de las mayores disputas que existe en este siglo XXI, ya que el resultado del mismo marcará la dinámica de la política europea de los próximos años.

 

Bibliografía


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