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La Guerra Fría de la IA: China y Estados Unidos compiten por la hegemonía tecnológica

A inicios de este año, China irrumpió dentro del escenario internacional con el lanzamiento de su propia inteligencia artificial, Deepseek, la cual se considera que es capaz de rivalizar o incluso superar las capacidades de ChatGPT-4 de Open IA. Siendo este hecho un momento clave en la rivalidad entre Estados Unidos y China en materia tecnológica.


Esta rivalidad se remonta hasta el año 2017, cuando la competencia entre ambas potencias se trasladó a una guerra comercial a través de la imposición de aranceles, controles de exportaciones y restricciones de mercado. Los semiconductores, o también conocidos como chips, son una parte elemental de toda esta disputa entre China y Estados Unidos.


Los mismos son de utilidad para alimentar todo tipo de dispositivos, desde un auto eléctrico hasta aviones militares, de ahí su valor estratégico. Por esta misma razón, el gobierno estadounidense ha intentado limitar las exportaciones de semiconductores al gigante asiatico, sobre todo aquellos que puedan llegar a ser utilizados para fines militares o inteligencia artificial, con el fin de lograr mantener la superioridad en el ámbito tecnológico.



Sin embargo, los intentos de Estados Unidos parecieron haber sido en vano. El surgimiento de Deepseek nos ha mostrado como las restricciones estadounidenses han terminado impulsando la innovación interna de China, lo cual podría resultar contraproducente para Estados Unidos.


¿A qué se debe este gran progreso de China en materia tecnológica?


Desde hace años el régimen chino ha buscado revertir la fuga de cerebros que ha tenido en años previos a través del ofrecimiento de prestigio, libertad intelectual y un sentido de misión nacional. Desde entonces, cada vez más científicos de origen chino que trabajaban en empresas como Open IA o Google han estado regresando a su país. A su vez, a nivel nacional también han optado por la formación de futuros talentos con instituciones como el Instituto de IA de la Universidad de Tsinghua, de la cual muchos de sus egresados logran ingresar en unicornios tecnológicos chinos como IA Megvii o Pony.ai.


A pesar de que Estados Unidos se encuentre por encima de China en cuanto a la investigación básica acerca de IA, contando con los artículos más citados dentro de la comunidad científica. China supera a Estados Unidos en volumen total de publicaciones. Y está liderando en el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial, concentrando más del 70% de las solicitudes de patentes en este campo a nivel mundial. Además, sus tecnologías están siendo implementadas en diversos sectores dentro de los países asociados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, como en infraestructuras portuarias y sistemas energéticos.


Disputa actual


Ante este crecimiento abrupto de China, durante el mes de julio del presente año el presidente norteamericano, Donald Trump, ha decidido lanzar un plan para ganar la carrera tecnológica ante China. Dicho plan consta de agilizar la concesión de permisos y flexibilizar la regulación medioambiental con el fin de acelerar la construcción de nuevos centros de

datos y fábricas que acelerarían el desarrollo en inteligencia artificial.


“Haremos lo que sea necesario para liderar el mundo de la inteligencia artificial” - Donald Trump

Por otro lado, el primer ministro chino, Li Qiang, en la Conferencia Mundial de IA, celebrada en Shanghai a fines de julio, subrayó la necesidad de un consenso urgente acerca de la inteligencia artificial, proponiendo establecer un organismo de cooperación internacional en IA. En concordancia con esto, Qiang anunció que China promoverá el desarrollo de la IA en código abierto, a la vez que compartirá sus avances con otras naciones. Alegando que de esta manera más países y empresas se podrían beneficiar de la IA, presentando una visión completamente distinta a la de Washington.


El tablero geopolítico de la IA


La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China presenta el riesgo de que los países deban optar por que bando elegir, por esta misma razón algunos analistas se atreven a denominar esta disputa como la “Guerra Fría de la IA”. Estas divisiones se encuentran, de momento, más presentes en el continente asiatico, donde muchos de los países se encuentran con la dicotomía de escoger con quién aliarse a la hora de llevar a cabo sus tareas de investigación en IA. La misma surge a causa de que muchos de los aliados norteamericanos en Asia dependen de China a nivel comercial, siendo este quien les proveé los materiales para la producción tecnológica.


Un ejemplo de esto es Corea del Sur, quien es el segundo mayor productor de semiconductores del mundo. Actualmente, depende de China para que este les venda cinco de los seis materiales críticos necesarios para la producción de chips. La simple amenaza de no proveer más suministros a Corea del Sur es motivo suficiente para que China logre disuadirlo de que se una a Estados Unidos en caso de una guerra tecnológica.



Australia es otro caso de esta disputa tecnológica. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, los Estados Unidos han estado intentando reducir la influencia china en sectores clave, como lo son los minerales críticos de Australia. Estos minerales van desde tierras raras, litio, hasta cobalto, los cuales son esenciales para la producción de semiconductores y baterías de alto rendimiento. Por esta misma razón, la administración Trump ha instado a Australia para que equilibre su relación con China, quien actualmente es su mayor comprador y un importante inversor en el área minera.


Mientras tanto, en Medio Oriente, particularmente en el Golfo Pérsico, Estados Unidos busca mantener su influencia en materia tecnológica por sobre China. El gobierno norteamericano decidió enviar chips de alto rendimiento a Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Catar, a cambio de que estos comiencen a construir centros de datos que se basen en los estándares tecnológicos de Estados Unidos. De esta forma, Estados Unidos trata de consolidar su influencia tecnológica en Medio Oriente, un lugar sumamente apto para establecerse debido a su abundante capital y energía barata, sirviendo como respaldo en caso de que China consiga dominar por completo Asia oriental.


Desafíos de la IA


Esta gran disputa por el control de la IA, a su vez presenta una gran preocupación por la energía. La creciente demanda de centros de datos de IA termina generando una sobrecarga en las redes eléctricas, a tal punto que podrían aumentar las emisiones de carbono de cara al futuro, afectando seriamente al medioambiente. Según el Institute for Progress, para el año 2030 los centros de datos podrían llegar a consumir el 10% de la electricidad de Estados Unidos, en comparación con el 4% que representaba durante el año 2023. Por su parte, Greenpeace East Asia estima que China podría llegar a aumentar su consumo eléctrico hasta un 289% para el año 2035, elevando las emisiones de carbono a 310 millones de toneladas.


Ante esta situación, es China quien corre con ventaja por sobre Estados Unidos, ya que cuenta con energía más barata, a la vez que su propia IA, Deepseek, demuestra ser mucho más eficiente energéticamente que sus rivales norteamericanos, los cuales consumen cuarenta veces más energía que la misma. Siendo por esto mismo que la carrera por la IA, a su vez, conlleva a una nueva disputa entre ambos países, la carrera por la energía.




Bibliografía


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