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Rusia dentro del tablero geopolítico actual

Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, Rusia ha sido condenada por toda la comunidad internacional, especialmente por occidente, quien ha cortado todo vínculo comercial con Rusia. Empujandolo a reorientar sus flujos comerciales hacia el continente asiatico, puntualmente China, quien hoy en día compra el 30% de las exportaciones rusas, frente al 14% de 2021, y representa el 40% de las importaciones rusas actuales, a diferencia del 24% previo del inicio de la guerra.


De esta forma se origina una asociación ideal, en la cual Rusia logra encontrar un mercado con el cual comerciar, mientras que China consigue un socio comercial que logre cubrir su gran demanda energética y de materias primas. Sin embargo, como podemos ver en los números antes mencionados, esto deja a Rusia en una situación de completa dependencia hacia el régimen chino. Resultando ser este último el más beneficiado al contar con Rusia como pieza clave en su política exterior, proveyéndoles de materias primas y energía, y desviando el foco de atención de occidente hacia la guerra en Ucrania, permitiéndole a China desarrollar una mayor influencia dentro de la región del Indo-Pacifico.


Pero a pesar de todo, la alianza sino-rusa es una alianza que carece de fundamentos suficientes como para mantenerse a largo plazo. Actualmente, el único interés de esta asociación se encuentra en el antagonismo hacia occidente, pero existen fundamentos estratégicos e históricos que podrían llegar a desestabilizar esta alianza.




Alianza sino-rusa: una alianza con pies de barro


Históricamente, las relaciones entre China y Rusia no han sido las mejores. En el siglo XIX, durante la expansión de los imperialismos europeos, el Imperio Zarista aprovechó la gran debilidad que atravesaba la dinastía Qing, y tomó el control de Vladivostok. Marcando un gran resentimiento dentro de la sociedad china, siendo otro evento desafortunado de lo que ellos denominan la “era de la humillación”. Durante el siglo XX, tras la muerte de Stalin, ambos países experimentaron relaciones muy tensas y de profunda inestabilidad debido al proceso de desestalinización iniciado por Nikita Khrushchev.


En la actualidad, las relaciones entre ambos países son buenas, pero existe un factor clave que puede determinar el futuro de esta alianza, la política exterior china hacia Siberia. Como se sabe, esta región rusa se caracteriza por ser inhóspita, albergando a menos de 8 millones de personas, y carece de todo tipo de inversión económica en infraestructura, dos elementos que China busca aprovechar para ganar cada vez más influencia sobre esta zona estratégica rica en recursos naturales.


Con la caída de la natalidad rusa y los movimientos migratorios chinos hacia esta región, ya se puede ver como muchos de los negocios y señalizaciones de Siberia ya se escriben en mandarín, llevando hacia un lento predominio cultural chino sobre Siberia, que se podría seguir acrecentando de cara al futuro. A su vez, China, a través de su modelo de proyección de poder basado en la inversión masiva y la dependencia económica, aplicado en América Latina, África y Asia, busca establecer su dominio económico sobre esta región.



El gasoducto Power of Siberia es un claro ejemplo de esto. El mismo garantiza la seguridad energética del gigante asiatico, a la vez que dificulta el margen de maniobra ruso a la hora de fijar los precios, ya que debido a la falta de compradores occidentales tendrá que adaptarse a los pedidos de Pekín. Mientras tanto, China sigue financiando infraestructura que facilita el comercio y la logística de esta zona olvidada por Moscú.


El mantenimiento de estas dinámicas, podría terminar ocasionando una colonización de facto por parte de China, transformando a Siberia en una zona de influencia sobre la cual tenga más capacidad de acción que la propia Rusia.


¿Estados Unidos un posible aliado ruso?


La relación entre Estados Unidos y Rusia también se ha caracterizado por una constante beligerancia a lo largo de su historia, contando únicamente con un periodo de cooperación durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en el contexto actual Estados Unidos se podría presentar como una posible alternativa para que Rusia no caiga en una dependencia frente a China. Desde la llegada de Donald Trump al poder, el gobierno estadounidense ha buscado recomponer sus relaciones diplomáticas con Moscú, con el fin de romper la alianza sino-rusa y establecer un equilibrio de poder que resulte más favorable para Washington.



Hoy en día, nos encontramos ante un nuevo orden mundial, en donde el principal enemigo de Estados Unidos ya no es más Rusia, sino que lo es China. Es por esta misma razón, que romper dicha alianza, liberando a Rusia de la dependencia hacia China, terminaría acercando a Rusia hacia la órbita estadounidense, quitándole a China una pieza clave en su política exterior. Sin embargo, dicho movimiento requiere de ciertas concesiones por parte de Estados Unidos, entre ellas permitir que Rusia adquiera los territorios ucranianos ocupados y que Kiev no ingrese a la OTAN.



Bibliografía



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