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¿Por qué el Reino Unido está en crisis?

El Reino Unido de Gran Bretaña suele considerarse una de las potencias mundiales. Su peso en el sistema internacional es indiscutible, tanto por su poder militar y su influencia en distintas regiones del mundo (con bases en casi todos los continentes) como por su lugar como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, esa imagen se ve cada vez más debilitada por un factor específico: la economía.


Hoy, el gobierno laborista británico muestra serias dificultades para resolver una crisis que el conservadurismo tampoco supo encauzar y que ya provocó la renuncia de tres primeros ministros. Por eso, este texto analiza qué ocurre en el Reino Unido y qué procesos de los últimos años lo llevaron a esta situación.


El Auge Económico


Durante la década de los 70’s con la Crisis del Petróleo, el Reino unido se encontró en una situación compleja muy similar a la de los Estados unidos. Un país que continuaba con políticas expansivas del estado de bienestar, pero sin la capacidad económica en un contexto económico complejo, un gasto publico desmedido y una inflación al alza. En este contexto asume la primera ministra Margareth Thatcher quien propone medidas de desregulación de la economía estatal para apalear la crisis y disminuir el costo del Estado.



Las políticas de privatizaciones y liberación de la economía del partido conservador llevaron a un buen resultado económico que quedo plasmado tras la salida de Thatcher. Este apogeo permitió, parcialmente, al Reino Unido consolidar su postura como potencia con una economía pujante y una libra fuerte (sobre todo luego de la gran devaluación del dólar).


Los gobiernos de John Major (1990–1997) heredaron ese modelo y sufrieron el primer gran problema. En septiembre de 1992, el "Miércoles Negro", el pound fue expulsado del Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio tras una especulación coordinada de George Soros. La libra cayó, el gobierno perdió credibilidad y la recesión del 90–92 dejó un millón de hipotecados en números rojos.


Pero la historia no terminó ahí. A partir de 1993, la economía británica entró en el período de expansión más largo de su historia moderna. Cuando Tony Blair llegó al poder en 1997 con el “New Labour” (Nuevo Laborismo), el PBI ya crecía con fuerza y él capitalizó ese viento a favor. La decisión clave de Blair y su canciller, Gordon Brown, fue mantener la independencia del Banco de Inglaterra y conservar el modelo financiero thatcheriano, añadiéndole inversión pública en salud (NHS) y educación.


Entre 1997 y 2007, el Reino Unido vivió lo que Brown llamó el fin de los ciclos de "auge y caída". El desempleo cayó sostenidamente, Londres se consolidó como capital financiera mundial, el sector inmobiliario escaló sin freno y la deuda privada se multiplicó. Pero el modelo era brillante en superficie pero frágil en sus cimientos: demasiado dependiente del crédito, de los derivados financieros y del boom de la vivienda.

 

La Crisis de 2008, el Brexit y la pandemia


El Reino Unido fue uno de los países más afectados por la Crisis de 2008 del mundo desarrollado y no por casualidad. Su economía era la más financiarizada del G7, porque el sector bancario representaba una porción del PBI sin equivalente en Europa. Cuando el sistema crediticio global se paralizó tras la caída de Lehman Brothers, Northern Rock ya había colapsado en 2007, provocando las primeras corridas bancarias en Gran Bretaña desde 1866.



El Estado tuvo que rescatar a RBS y Lloyds con más de £500 mil millones en garantías y capital. En 2009, el PBI cayó un 4,2%. Gordon Brown, que paradójicamente coordinó la respuesta internacional con estímulos keynesianos mientras en el frente interno aplicaba austeridad, terminó pagando el costo político y perdió las elecciones de 2010.


Los conservadores de Cameron llegaron al poder con el relato del “déficit heredado del laborismo” y profundizaron una política de austeridad sostenida. Recortes en ayudas sociales, congelamiento de salarios públicos y reducción del Estado. La recuperación fue lenta y desigual. El PIB no volvió a los niveles previos a la crisis hasta 2013 y los salarios reales no recuperaron su nivel de 2008 antes de que estallara la pandemia. Fue, en los hechos, una década perdida para los ingresos de los trabajadores.


La Crisis por el Brexit


El referéndum de junio de 2016 fue la mayor apuesta geopolítica asumida voluntariamente por un gobierno británico desde Suez. El 52% votó por el Leave (por “Salir”), impulsado por una mezcla de nostalgia imperial, malestar ante una austeridad que convirtió a los migrantes en chivos expiatorios y la promesa ilusoria de destinar £350 millones semanales adicionales al NHS.


El impacto económico fue gradual, pero acumulativo. La libra cayó entre un 10% y un 15% en pocos días, lo que encareció las importaciones y alimentó la inflación. La inversión extranjera directa, que llegaba al Reino Unido como puerta de acceso al mercado único europeo, empezó a desviarse hacia Irlanda, Países Bajos y Alemania. Al mismo tiempo, los bancos trasladaron miles de empleos a Frankfurt, Dublín y París.


La transición derivó en una crisis política: tres primeros ministros en cuatro años (Cameron, May y Johnson), dos elecciones anticipadas y una parálisis legislativa inédita. El acuerdo final, alcanzado en diciembre de 2020, consolidó en los hechos un Brexit total, con el fin de la libertad de movimiento y salida del mercado único y de la unión aduanera. El comercio con la UE, principal socio comercial del país, sufrió fricciones inmediatas. Cayeron las exportaciones de bienes y muchos productos perecederos se echaron a perder en las fronteras. El Banco de Inglaterra estimó que, a largo plazo, el Brexit reduciría el PBI entre un 3,5% y un 4% frente al escenario de permanencia.


La Pandemia del 2020


Y por si la crisis del Brexit era poco, el COVID-19 golpeó a una economía ya debilitada por una década de austeridad y dos años de incertidumbre. El resultado fue la peor contracción económica británica en tres siglos. El PBI cayó un 11% en 2020. Entre las grandes economías europeas, solo España registró una caída mayor ese año.



El gobierno de Boris Johnson respondió con el esquema "Furlough", una subvención estatal de hasta el 80% de los salarios para evitar despidos masivos. Paradójicamente, fue uno de los programas de intervención estatal más amplios en la historia del país. El costo fue enorme: la deuda pública superó el 100% del PBI por primera vez desde los años 60.


La recuperación técnica de 2021 fue sólida (+7,5%), pero no era real. La combinación de cadenas de suministro interrumpidas, escasez de mano de obra por el Brexit (muchos ciudadanos europeos habían regresado a sus países) y el alza de los precios de la energía tras la guerra en Ucrania en 2022 llevó la inflación al 11,1%, su nivel más alto en cuarenta años. La posterior crisis del costo de vida golpeó sobre todo a quienes ya habían sufrido la austeridad: inquilinos, trabajadores de bajos salarios y beneficiarios de prestaciones.


La consecuencia política fue devastadora. En 2022 el país tuvo cuatro primeros ministros, estalló el escándalo "Partygate" y llegó Rishi Sunak para intentar estabilizar un país que percibía que el modelo económico dominante desde Thatcher había llegado, por fin, a su límite.


Los problemas actuales


Crisis del sector de servicios


Actualmente la economía británica depende en gran medida del sector servicios. Pero, a diferencia de Estados Unidos (donde ese sector compite a escala internacional y genera empleo masivo), en el Reino Unido está mucho más orientado al consumo interno. Por eso, su desempeño queda atado a la demanda doméstica.


“Fuera de una estrecha élite financiera y jurídica en Londres, la mayoría de los servicios se consumen a nivel local, requieren mucha mano de obra y son difíciles de escalar. Cafeterías, residencias de ancianos, comercios minoristas, empresas de reparto y oficinas administrativas concentran gran parte del empleo(Lipton Matthews en Mises Wire).

Estas actividades emplean a muchas personas, pero no generan el aumento de productividad que suele acompañar a las inversiones de capital en proyectos ambiciosos y escalables. El resultado es una economía activa, aunque poco dinámica, en la que los trabajadores captan una porción menor del valor que producen.


A esto se suma un fuerte aumento de la deuda pública y una inflación persistente. Según Swissinfo, “la deuda neta acumulada del sector público británico, sin incluir los bancos con participación estatal, alcanzó a finales de febrero el 93,1% del PBI”. Al mismo tiempo, la inflación volvió a acelerarse y llegó al 2,8% en abril, en parte por las tensiones en el Estrecho de Ormuz.


La Crisis Política y el Nacimiento del Multipartidismo


El Partido Laborista ganó las elecciones de 2024 con una mayoría contundente de 172 escaños y puso fin a 14 años de gobiernos conservadores. Sin embargo, lo hizo con la menor proporción de voto popular obtenida por un gobierno mayoritario desde que ese dato se registra (desde 1830). Es decir, más que una muestra de confianza fue un voto de castigo contra los conservadores.


Su aprobación neta, que había comenzado apenas en terreno positivo, cayó hasta un promedio de -46% en noviembre de 2025. El gobierno, además, quedó marcado por varias controversias: la eliminación del subsidio de calefacción para pensionistas, los disturbios del verano de 2024, el escándalo por los regalos de donantes del partido y la polémica por su postura sobre Gaza. A eso se sumó el caso Mandelson, donde en septiembre de 2025, tras la publicación de los archivos de Epstein, quedaron expuestos los vínculos del embajador en Washington, Peter Mandelson, con Jeffrey Epstein, y Starmer se vio obligado a destituirlo.



El detonante de la crisis más reciente fue el muy mal desempeño de laborismo en las elecciones de concejales, donde perdió votantes tanto hacia Reform UK, por la derecha, como hacia los Verdes, por la izquierda. El partido cedió el control de más de 30 concejos y cerca de 1.500 concejales resultaron derrotados.


Reform UK obtuvo unos 1.450 escaños en concejos locales y pasó a controlar 14 distritos, un avance sin precedentes para un partido que partía casi de cero. Starmer admitió que el resultado fue "muy duro" para el laborismo, pero descartó renunciar: "No me voy a ir".

Según Ipsos, en mayo de 2026 Reform UK encabeza la intención de voto con el 25%, mientras que el Partido Laborista y los conservadores aparecen empatados en 19%. Los Verdes alcanzan un récord histórico del 17%. El dato es disruptivo; el país que inventó el bipartidismo moderno ahora tiene cuatro fuerzas con peso real.


Lo que ocurre no es solo una crisis de liderazgo, sino una crisis de legitimidad del modelo. Décadas de promesas incumplidas (una austeridad que nunca "reequilibró" la economía, un Brexit que no trajo soberanía sino caos y una pandemia que expuso el deterioro del NHS) produjeron un electorado fragmentado y enojado, que ya no confía en que los partidos tradicionales tengan respuestas. Reform UK capitaliza ese vacío por la derecha, los Verdes por la izquierda, mientras el centro se desintegra. El Reino Unido no enfrenta hoy solo una crisis de gobierno, sino una crisis de modelo.



 

Fuentes Consultadas


 
 
 

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