Argentina entre dos potencias: la disputa de influencia entre China y Estados Unidos en el siglo XXI
- Tomás Terfi
- 6 abr
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A principios del siglo XXI, la República Popular China se ha consolidado como un actor central del sistema internacional. Este ascenso se explica en gran medida por las reformas impulsadas desde fines de la década de 1970 por Deng Xiaoping, que promovieron la apertura económica, la atracción de inversión extranjera, la expansión del comercio exterior y una fuerte política de industrialización y desarrollo tecnológico. A ello se sumó la integración al comercio global con su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Como resultado, China experimentó un crecimiento económico acelerado que amplió su influencia global y desafía la hegemonía estadounidense y el papel de Europa occidental. Este proceso también se refleja en América Latina, donde Argentina se ha convertido en un socio relevante dentro de la estrategia china de inserción económica y geopolítica.
La influencia china en Argentina no se limita únicamente al terreno económico. Si bien el comercio entre ambos actores, las inversiones estratégicas que recibe el país sudamericano y el financiamiento se han transformado en un eje de gran relevancia de ayuda económica y en la relación bilateral, según la USDA casi el 90% de las exportaciones argentinas de frijol de soja (producto con mayor exportación en el país) tienen como destino China. Esta relación, en gran parte comercial, se caracteriza particularmente en varios sectores como lo son la energía, infraestructura, agroindustria y minería. Luego el vínculo entre Argentina y el gigante asiatico se ha expandido, hasta la actualidad, hacia un plano diplomático, cultural y militar. El objetivo central de Beijing no es asegurar recursos estratégicos y nuevos mercados, sino que busca proyectar su poder mediante mecanismos como el soft power, la instalación de bases estratégicas y su presencia en foros regionales. Así, la relación sino-argentina se establece dentro de un tablero geopolítico más amplio, donde Estados Unidos y China compiten por influencia en el hemisferio occidental, más específicamente en América del Sur.
A raíz de este vínculo internacional y la relación entre estados, Argentina se encuentra frente a un dilema estratégico: aprovechar los beneficios concedidos por China , sin quedar atrapada en una dependencia económica o en la rivalidad entre las grandes potencias. Para comprender de manera integral este fenómeno, resulta indispensable analizar tanto la evolución histórica del vínculo bilateral como las dinámicas diplomáticas y comerciales contemporáneas, así como los proyectos estratégicos que profundizan la presencia china en el territorio argentino.
Las Relaciones Sino-Argentinas
Al comienzo de los años 2000 las relaciones económicas chinas crecieron drásticamente en todo el mundo. Esto fue debido a la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, y su expansión comercial hacia Argentina generó un aumento significativo de sus exportaciones agrícolas (soja, carne, cebada) hacia el gigante asiatico. A raíz de eso, sus importaciones se basan especialmente en productos industriales de China. Se estima que entre los años 2002 y 2022, las exportaciones argentinas a China crecieron unas 8 veces, mientras que las importaciones desde China se incrementaron más de 53 veces. Esto dio lugar a una relación económica desigual, donde China se encuentra en ventaja y ganó una fuerte posición como socio comercial.
En los ámbitos políticos, diplomáticos y estratégicos, la relación entre ambos también se fortaleció. Argentina y China han declarado más de una vez su estrecha relación, haciendo referencia a una “asociación estratégica integral”, e incluso en varios foros internacionales expresan un mutuo apoyo. Un claro ejemplo sobre lo mencionado es que, en la celebración de los 50 años de relaciones diplomáticas en el año 2022, China mencionó abiertamente “trabajar conjuntamente con Argentina para promover el desarrollo a largo plazo”.
En diciembre del 2023, Javier Milei asume la presidencia con argumentos críticos hacia China. Sin embargo, en la práctica, su gobierno adoptó una postura más pragmática. Esto fue públicamente visto en la reunión del G20 en Río, que se llevó a cabo en noviembre de 2024. En esta reunión ambos mandatarios se reunieron y demostraron un tono de apertura para la cooperación económica. Incluso la cancillería china informó que Xi Jinping y Milei conversaron en términos de cooperación y desarrollo mutuo.

Una cuestión clave en la relación económica entre Argentina y China fue la renovación del swap entre sus bancos centrales. En el 2025, en el mes de abril, Argentina logró extender el lapso temporal, que le permite el uso de 5.000 millones de dólares hasta mediados de 2026. Esto le otorgó al país un respiro financiero en medio del caos, porque a consecuencia de lo sucedido logró afrontar pagos urgentes y evitar una crisis a corto plazo. Sin embargo, el acuerdo no tuvo solo un impacto económico: también fue un gesto político. La renovación del swap mostró confianza por parte de China hacia el país sudamericano e incluso es una muestra de predisposición para buscar crear vínculos diplomáticos más fuertes y más a la luz como contraparte de los norteamericanos y occidente en sí.
El exjefe de Gabinete argentino, Guillermo Francos, concibió una gran variedad de reuniones con Beijing. Entre octubre de 2024 y mediados de 2025, Francos mantuvo decenas de reuniones (fuentes hablan alrededor de 50) con enviados, funcionarios de la embajada china y empresarios/inversores chinos en Argentina. Varios medios consignan que entre esos contactos figuran encuentros con el embajador chino en el país Wang Wei y entre otros representantes económicos de China. Inclusive el mismo Francos comunicó de carácter positivo las reuniones con el embajador asiatico: “Cordial y positivo encuentro con el Embajador de la República Popular China, Wei Wang, con quien avanzamos en una agenda de trabajo bilateral…” (publicación en X de Francos).
En temas de infraestructura estratégica, en Argentina existen instalaciones vinculadas al programa espacial chino que han despertado interés y debate en los últimos años. La más conocida es la estación de espacio profundo ubicada en la provincia de Neuquén. Esta instalación fue gracias a un acuerdo bilateral firmado entre ambos países durante el período 2012-2014, bajo la presidencia de Cristina Fernandez de Kirchner; este mismo permitió a China utilizar un área en el norte de la provincia por varias décadas. Esta misma base está destinada a comunicaciones y seguimiento de misiones fuera de la órbita terrestre. La estación está administrada por la agencia china CLTC junto a la CONAE, y fue presentada como una cooperación científica destinada a apoyar misiones interplanetarias. Sin embargo, desde el comienzo del funcionamiento de la instalación espacial, surgieron un gran cantidad de cuestionamientos por la poca transparencia del contrato, por las dificultades de supervisión por parte de Argentina y por la desconfianza de lo que podría a llegar a ser el verdadero destino de la base (tecnología militar). Estas dudas y cuestionamientos desembocaron que en 2024, bajo la presidencia de Javier Milei, el gobierno argentino realizará una visita oficial con el fin de inspeccionar el funcionamiento del lugar y despejar sospechas.
La presencia de estas infraestructuras en el país forma parte de una estrategia más amplia mediante la cual China busca consolidar redes de apoyo para su programa espacial en el hemisferio sur. Para la Argentina, estos acuerdos representan una oportunidad para acceder a recursos, conocimiento y proyectos que serían difíciles de financiar de manera autónoma, ya que no cuenta con ciertas capacidades desarrolladas en el plano espacial. Sin embargo, también plantean dilemas sobre el grado de supervisión que el Estado debe mantener y sobre los riesgos de que la cooperación científica se convierta en una herramienta de influencia política o militar. A raíz de esto, mientras algunos sectores de la población valoran esta presencia de estas bases estratégicas chinas en territorio argentino, otras no; estas mismas advierten sobre la pérdida de soberanía e influencia geopolítica en el país.

El realismo de Tucídides y Escudé para comprender las relciones entre Argentina y China
La disputa entre las potencias, China y Estados Unidos, puede entenderse a la luz de esta dinámica. China ha experimentado un crecimiento exponencial en distintos términos de poder (económico, militar, tecnológico, cultural y diplomático), y ese avance por parte del gigante asiático genera preocupación en Estados Unidos, que busca mantener su rol de potencia dominante tras el fin de la Guerra Fría. El escenario global actual refleja lo que la teoría sostiene: cuando una nueva potencia emerge, desafía al poder establecido y, con el tiempo, puede consolidarse como una potencia dominante.
En este escenario conflictivo de ascenso hegemónico, ambas potencias buscan expandir su influencia más allá de su zona geopolítica cercana y de países periféricos los cuales necesitan de apoyo para su desarrollo. China avanza sobre América del Sur (Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, Brasil, entre otros) con inversiones, tecnología e infraestructura, mientras que EE.UU refuerza su presencia en el Pacífico y en otros puntos estrategicos del mapa. Esto da como resultado, algo muy semejante a lo ocurrido en la Guerra Fría: Las potencias dominantes buscan expandir su influencia y utilizar a los países periféricos a modo de estratégia, y ubicarlos de que lado están (a favor de Estados Unidos, o apoyando al establecimiento hegemónico chino).
Otro autor el cual nos hace entender a través del realismo periférico la posición de Argentina es el politologo Carlos Escudé. Lo que plantea en su teoría es que la prioridad de los países periféricos no es expandirse ni competir militarmente, sino simplemente sobrevivir en un orden internacional desigual. Ya que éstos mismos no definen las reglas del sistema internacional, sino que deben adaptarse a ellas para evitar costos excesivos.
"Para un país dependiente, vulnerable y empobrecido, la única política exterior moralmente aceptable es aquella que no impone costos adicionales a su población a través de confrontaciones ideológicas con las potencias". Carlos Escudé, Realismo periférico: fundamentos para la nueva política exterior argentina (1992).

Escudé introduce la distinción entre “invertir autonomía” (usar la independencia de manera estratégica para generar desarrollo) y “consumir autonomía” (usar la independencia sólo como símbolo, con altos costos y sin beneficios concretos).
La realidad de Argentina en la actualidad, según la teoría que plantea el autor, muestra una adaptación a las condiciones que impone el orden global. En este sentido, el país gestiona vínculos duales con China y Estados Unidos: por un lado, mantiene acuerdos económicos importantes con China (por ejemplo, líneas de swap, comercio, inversiones e infraestructura) que le permiten contar con recursos y mercados externos. Por otro lado, también responde a incentivos provenientes de Estados Unidos en términos de apoyo financiero, diplomático y de acceso institucional, lo que evidencia que no puede obviar la voluntad de la potencia tradicional con intereses en la región. En este marco, el gobierno de Javier Milei ha buscado reforzar su alineamiento político con Washington, lo que se refleja en su participación en espacios internacionales vinculados al liderazgo estadounidense (como el Board of Peace) y en distintos encuentros con Donald Trump, gestos que también tienen una dimensión simbólica en la estrategia de política exterior argentina.
A modo de conclusión, desde la perspectiva de Argentina aparece como un escenario de disputa (lucha por la hegemonía internacional), más que como un actor central. Como plantea Escudé, su política exterior no puede comprenderse fuera de un orden internacional asimétrico, en el cual los países periféricos deben adaptarse a las reglas de los poderosos para evitar costos mayores. Así, al vincularse simultáneamente con Washington y Pekín, Argentina no expresa una preferencia ideológica, sino una estrategia de supervivencia y pragmatismo en un mundo donde el poder sigue siendo el lenguaje dominante.
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