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Recursos naturales, energía y poder: cómo China está construyendo un nuevo orden mundial con energías alternativas

China encierra una paradoja en su desarrollo económico y político: es el mayor emisor de CO₂ del mundo, pero al mismo tiempo el líder indiscutible en la transición energética global. Un dato que grafica esta situación es que solamente en 2024 el gigante asiatico instaló más capacidad eólica y solar que el resto del mundo combinado.


Fuente: China está construyendo el doble de capacidad solar y eólica que el resto del planeta
Fuente: China está construyendo el doble de capacidad solar y eólica que el resto del planeta

La “Civilización Ecológica” china


La transición energética china no es una mera respuesta al cambio climático, sino la implementación de un proyecto de Estado de largo plazo denominado "Civilización Ecológica" (生态文明, Shēngtài Wénmíng). Este marco ideológico y de gobernanza fue introducido por Hu Jintao (Ex presidente de la RPC) en 2007 y es clave para entender la política energética china. Nació como una respuesta a la crisis ambiental (en particular la contaminación del aire) de principios de los 2000 y fue incorporado a la constitución de la RPC en el año 2018.


Este enfoque, entendido por la dirigencia china, busca superar la fractura entre sociedad y naturaleza (o campo y ciudad) de las sociedad industriales capitalistas. Su paradoja radica en que para hacerlo, todavía, dependen en gran medida del carbón y el petróleo.


China, entonces, no solo está adoptando energías limpias por necesidad ambiental, sino que está utilizando esta transición como el pilar de un nuevo proyecto geopolítico y económico destinado a desafiar la hegemonía occidental. Así como EEUU utilizó el petróleo para definir el capitalismo financiero del s. XX, China busca definir un nuevo orden postcapitalista en el s. XXI utilizando las energías alternativas.


Los diversos planes quinquenales, particularmente el último (2021-2025) y más que seguro el próximo (2026-2030) trazan una hoja de ruta para esta transición: el objetivo 3060 que busca alcanzar el pico de emisiones de carbono en 2030 y la neutralidad en 2060. El Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio, sin embargo, en un reciente estudio afirma que ese pico ya ha llegado e incluso ya ha comenzado a bajar sus emisiones.



Las energías verdes


China invirtió en 2023 casi lo mismo que el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido) en transición energética. La capacidad instalada renovable supera los 2.090 millones de kW, el doble que hace cinco años. Para que se entienda la magnitud se trata del doble de toda la capacidad eléctrica (renovable y no renovable) de Estados Unidos. Hoy, 1 de cada 3 kWh consumidos en China es verde.


Esto no es casual, la magnitud y extensión de las obras para generar energías alternativas no tiene precedente en la historia humana. En materia de energía hidroeléctrica -donde China es el mayor productor mundial y cuenta con cerca de 94.000 represas- el gobierno ha planificado la construcción de la represa de Motuo en el río Yarlung Tsangpo que se estima que producirá 3 veces más energía que la ya faraónica Tres Gargantas y costará US$167.000 millones. La obra, hay que añadir, le da a China un control estratégico sobre un recurso vital para millones de personas río abajo, una herramienta de poder geopolítico sobre India y Bangladesh que ya han alzado la voz frente al proyecto.


La energía solar es otro rubro dominado ampliamente por el país asiatico donde lidera la manufactura de paneles solares e instaló el equivalente a 277 GW solo en 2024 (más del doble de toda la capacidad de países como España). En el desierto de Gobi -uno de los más fríos y hostiles del planeta, en la frontera entre China y Mongolia- construyó la mayor planta de energía fotovoltaica con un aproximado de 12.000 paneles, otros proyectos similares se desarrollan en territorios tan inhóspitos como el Tíbet donde han redoblado la apuesta en la construcción de la “ciudad de espejos”, un parque fotovoltaico que cuando esté terminado tendrá la misma superficie que Chicago . Está sobreproducción ha puesto en jaque a occidente ya que ha hecho caer los precios globales de los paneles solares un 50%.


Granja solar en el desierto de Gobi. Dunhuang, provincia de Gansu. Fuente: CGTN en español.
Granja solar en el desierto de Gobi. Dunhuang, provincia de Gansu. Fuente: CGTN en español.

El gran caballito de batalla en las energías limpias, sin embargo, es el hidrógeno verde (un combustible limpio que se produce separando el hidrógeno del agua (H₂O) mediante un proceso llamado electrólisis, que funciona con electricidad proveniente de energías renovables). China también lidera en este rubro. La agencia de noticias del estado Chino publicó hace pocos meses una noticia donde afirma que “China ha completado la construcción de su primer proyecto de investigación a escala industrial para la producción de hidrógeno a través de agua de mar, anunció el miércoles la empresa Sinopec”. También se ha anunciado la construcción del sistema de energía de circuito cerrado de hidrógeno más grande del mundo y la planta de Envision en Chifeng, considerada la mayor del mundo para producción de hidrógeno y amoniaco renovables, todas ellas en Mongolia Interior.


Las energías no tan verdes


La descarbonización de China no solo es a través de las renovables. China es el único país con un reactor de IV Generación operativo comercialmente (WNN) y tiene 33 reactores en construcción contra 0 de EEUU, si bien aquí el país americano lleva la delantera las proyecciones futuras no le son tan favorables según la propia Agencia Internacional de Energía.


El torio es otro recurso productor de energía en la cual llevan la delantera donde recientemente han descubierto un yacimiento colosal en Bayan Obo (Mongolia Interior). Este mineral promete “energía inagotable” ya que garantiza un suministro para 60.000 años estiman y China es el único país que lo investiga seriamente, una ventaja tecnológica potencialmente abrumadora.


Si hablamos de minerales no podemos dejar de mencionar las “tierras raras” -un conjunto de elementos de la tabla periódica esenciales para determinadas industrias de alta tecnología- donde China, nuevamente, lidera procesando el 90% de estos minerales a nivel mundial. En su disputa comercial con EEUU, ya ha utilizado este lugar privilegiado restringiendo las exportaciones y amenazando con cortar la cadena de suministros motivo por el cual Trump está tan interesado en Groenlandia y Ucrania, los otros lugares que cuentan con grandes reservas.


Transición energética y nuevo orden mundial


El control del litio, cobalto y tierras raras le permite a China dominar con creces el mercado en expansión de los vehículos eléctricos. Esto ha llevado a enfrentamientos comerciales con la UE que sancionó en 2024 el Green Deal Industrial Plan que busca proteger la industria europea de VE frente a la expansión china. EEUU por su parte aprobó recientemente la One Big Beautiful Bill que reduce los incentivos estatales para las empresas de energías limpias lo cual representa un golpe a las industrias estadounidenses del rubro. China apuesta todo en esta carrera y, de momento, está ganando.


Esta transición, entonces, es la columna vertebral de un nuevo proyecto geopolítico que busca definir el modelo de desarrollo del siglo XXI. La Civilización Ecológica, de esta forma, es el sustento ideológico detrás de iniciativas como el llamamiento a un nuevo sistema de gobernanza global en la cumbre de la OCS o también de la Franja y la Ruta de la seda, tejiendo redes de infraestructura energética que vinculan Asia, África, Europa y América Latina bajo la órbita tecnológica y financiera de Pekín.



Bibliografía


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