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Pakistán: Análisis Geopolítico

Pakistán, una nación nacida de la tumultuosa partición del subcontinente indio, se debate en una encrucijada histórica. Marcada por profundas discontinuidades políticas, tensiones identitarias y una persistente fragilidad institucional, su trayectoria desde 1947 ha sido un complejo panorama de desafíos y transformaciones. Desde la traumática separación de Pakistán Oriental hasta la constante oscilación entre democracia y autoritarismo militar, el país ha luchado por consolidar su identidad y estabilidad.


En este análisis, exploraremos las dinámicas internas y externas que configuran el Pakistán contemporáneo, desde su frágil política interna, desarrollo social y económico hasta su papel en el complejo escenario geopolítico de Asia del Sur.


Historia


La historia de Pakistán está marcada por profundas discontinuidades políticas, tensiones identitarias y una persistente fragilidad institucional. Surgido en 1947 a partir de la partición del Raj británico, Pakistán fue concebido como un Estado para los musulmanes del subcontinente indio. Este origen fundacional, vinculado al trauma de la partición y a la necesidad de construir una identidad nacional diferenciada de la India, condicionó desde el inicio la estructura política y social del país.


Muhammad Ali Jinnah, fundador de Pakistán, junto a Mahatma Gandhi, figura elemental en la independencia de la India y la unión entre las naciones
Muhammad Ali Jinnah, fundador de Pakistán, junto a Mahatma Gandhi, figura elemental en la independencia de la India y la unión entre las naciones

Durante sus primeras décadas, Pakistán enfrentó enormes desafíos en términos de cohesión territorial. El país estaba dividido en dos regiones separadas por más de mil kilómetros de territorio indio: Pakistán Occidental (actual Pakistán) y Pakistán Oriental (hoy Bangladés). Las diferencias lingüísticas, culturales y económicas entre ambas regiones derivaron en una guerra civil que culminó con la secesión de Pakistán Oriental en 1971, dando lugar al nacimiento de Bangladés. Este hecho representó no solo una derrota militar, sino también una crisis existencial para el proyecto nacional pakistaní.


La década de 1970 y las posteriores estuvieron marcadas por una constante oscilación entre gobiernos democráticos débiles y regímenes militares autoritarios. El golpe de Estado de 1977, liderado por el general Zia-ul-Haq, consolidó un proceso de islamización del aparato estatal que redefiniría la naturaleza política del país. Bajo su mandato se promovieron leyes religiosas que debilitaron las estructuras laicas heredadas del periodo colonial, y se fomentó el crecimiento de grupos islamistas, algunos de los cuales posteriormente serían protagonistas en los conflictos regionales.


La participación activa de Pakistán en la guerra de Afganistán en los años 80, como aliado estratégico de Estados Unidos y plataforma para el apoyo a los muyahidines, profundizó aún más la militarización y radicalización del país. A corto plazo, esto fortaleció la posición internacional de Pakistán, pero a largo plazo trajo consecuencias adversas, como la proliferación de redes yihadistas, el narcotráfico y el debilitamiento del control estatal sobre determinadas regiones fronterizas.


En los años 90, aunque se restauró la democracia formal, los gobiernos civiles de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif estuvieron marcados por la inestabilidad, la corrupción y la constante interferencia de los sectores militares y judiciales. Esta “democracia tutelada” fue una constante en la política pakistaní, donde el poder real muchas veces ha residido en el estamento castrense.


La nuclearización de Pakistán en 1998, en respuesta a los ensayos indios, alteró de manera sustancial la dinámica de seguridad regional, consolidando una lógica de disuasión mutua pero también exacerbando las tensiones en la región de Cachemira, territorio en disputa desde la partición.


Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Pakistán se convirtió en un actor clave de la “guerra global contra el terrorismo”. Esta alianza con Estados Unidos conllevó beneficios financieros y estratégicos, pero también agudizó los conflictos internos. La violencia insurgente, los atentados y la presencia de grupos radicales en zonas tribales han puesto en entredicho la soberanía estatal en amplias regiones del país.


En la última década, la política pakistaní ha oscilado entre gobiernos democráticos frágiles, como el de Imran Khan, y el persistente tutelaje del poder militar. Paralelamente, el país atraviesa una aguda crisis económica caracterizada por la inflación (hoy controlada), la dependencia del FMI, la deuda externa y la falta de inversión productiva. A esto se suma la creciente vulnerabilidad frente a desastres climáticos —como las catastróficas inundaciones de 2022— y una situación social marcada por la pobreza estructural, el desempleo juvenil y la debilidad del sistema educativo.


Política Interna y Economía


La política interna de Pakistán en 2025 se caracteriza por una compleja interacción entre instituciones democráticas formales, una influencia militar persistente y una creciente polarización social.



Sistema político y estructura institucional


Pakistán es una república parlamentaria federal, según la Constitución de 1973. El poder ejecutivo está encabezado por el Primer Ministro, actualmente Shehbaz Sharif desde marzo de 2024, quien lidera una coalición entre la Liga Musulmana de Pakistán (Nawaz) (PML-N) y el Partido Popular de Pakistán (PPP). El presidente, Asif Ali Zardari, cumple funciones principalmente ceremoniales tras la 18.ª enmienda constitucional de 2010 que redujo significativamente los poderes presidenciales.


A pesar de la existencia de instituciones democráticas, las Fuerzas Armadas de Pakistán mantienen una influencia considerable en la política nacional. Históricamente, han intervenido directamente en el gobierno mediante golpes de Estado y, en la actualidad, ejercen poder tras bambalinas, especialmente en áreas de seguridad y política exterior. Este fenómeno ha llevado a describir el sistema político pakistaní como un "sistema híbrido", donde el poder se comparte de facto entre autoridades civiles y militares.


El panorama político está dominado por tres partidos principales:


  • Liga Musulmana de Pakistán (Nawaz) (PML-N): Conservador y de centro-derecha, liderado por Nawaz Sharif.

  • Partido Popular de Pakistán (PPP): De centro-izquierda, encabezado por Bilawal Bhutto Zardari.

  • Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI): Populista y nacionalista, fundado por Imran Khan, quien fue destituido en 2022 tras perder el apoyo militar.


En las elecciones generales de febrero de 2024, el PTI enfrentó restricciones significativas, incluyendo la pérdida de su símbolo electoral, lo que obligó a sus candidatos a postularse como independientes. A pesar de obtener una cantidad considerable de escaños, el PTI quedó fuera del gobierno, lo que ha intensificado la polarización política y ha generado protestas por parte de sus seguidores. 


Primer ministro Shehbaz Sharif
Primer ministro Shehbaz Sharif

Índices Sociales


En un país con más de 247 millones de habitantes (el quinto país más poblado del mundo), los indicadores reflejan un bajo desarrollo económico y una baja calidad de vida en Pakistán. El país presenta un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,4 y un PBI per cápita de apenas 1.366 USD (2023), uno de los más bajos del mundo. La esperanza de vida al nacer es de solo 68 años, y se estima que el 39% de la población vive en situación de pobreza.


Un dato llamativo es que solo el 27% de la población tiene acceso a internet, lo cual evidencia un bajo desarrollo interno que limita la capacidad de la sociedad para acceder a los beneficios de las nuevas tecnologías. Es importante destacar que el 38% de la población vive en áreas urbanas y el 56% en asentamientos precarios, mientras que el 95% tiene acceso a electricidad y el 91% a agua potable.


El 53% de la población mayor de edad forma parte de la población económicamente activa, pero el 13% de los niños se encuentra trabajando. La tasa de alfabetización es del 58% y solo el 68% finaliza la educación primaria, a pesar de que la tasa de inscripción escolar es del 83%.


Estos datos reflejan un bajo desarrollo en materia social, lo que se traduce en precarias condiciones de vida para la población pakistaní. Ante esta situación, el gobierno destina un 8% del PBI a educación y un 7,2% a salud. Aun así, se trata de uno de los países con menor gasto público, mientras que el gasto en defensa representa un 17% del PBI, siendo el rubro con mayor asignación presupuestaria.


La Secesión de Balochistán


El 14 de mayo de 2025, líderes del movimiento independentista baluchi proclamaron la independencia de Baluchistán respecto de Pakistán, anunciando la creación de la “República Democrática de Baluchistán”. La declaración fue encabezada por el activista Mir Yar Baloch, quien solicitó reconocimiento internacional, apoyo de la ONU y pidió formalmente a India establecer una embajada en Nueva Delhi para este nuevo Estado, así como respaldo militar para garantizar su estabilidad.


Baluchistán, una provincia rica en recursos naturales pero históricamente marginada, mantiene desde hace décadas un conflicto con el gobierno central paquistaní. Las demandas independentistas se basan en la represión estatal, violaciones a los derechos humanos y la explotación de recursos sin beneficios para la población local.


La región también tiene una importancia estratégica clave: está atravesada por el Corredor Económico China-Pakistán y alberga el puerto de Gwadar, operado por China, lo que ha aumentado la presencia e influencia de Pekín en la zona. A su vez, su ubicación la convierte en ruta del narcotráfico de opioides provenientes de Afganistán, lo que agrava la inseguridad y la disputa por el control territorial.



El reciente anuncio de independencia ocurre en un contexto de alta tensión regional, tras la operación militar india “Sindoor”, en respuesta a un atentado en Cachemira. Pakistán ha acusado reiteradamente a India de fomentar el separatismo en Baluchistán como parte de su estrategia para debilitar a su histórico rival. Aunque Nueva Delhi no ha reconocido oficialmente la independencia baluchi, el llamado directo de sus líderes para obtener apoyo indio podría escalar el conflicto y abrir un nuevo frente de tensión en Asia del Sur.


Economía Frágil y Crisis de Deuda


Pakistan carga con problemas económicos estructurales que se han extendido a lo largo de las décadas y aún no han logrado una resolución factible. Estos problemas incluyen desequilibrios fiscales persistentes, una base exportadora limitada, dependencia de financiamiento externo y una capacidad institucional débil para implementar reformas sostenibles.


Este año Pakistán adquirió una suma importante de deuda externa. El FMI aprobó un nuevo préstamo de $1.400 millones y liberó $1.000 millones adicionales bajo un programa de estabilización económica. También el Banco Mundial aprobó un paquete de préstamos por $20.000 millones a diez años para apoyar la estabilización económica y proteger inversiones frente a la inestabilidad política.


Este endeudamiento se acumula con los vencimientos de deuda externa por más de $22.000 millones en 2025. China ha prorrogado por un año un préstamo de $2.000 millones, lo que proporciona cierto alivio financiero para el país, pero que refleja un problema de deuda muy importante.


Por otro lado, la inflación, que alcanzó un récord del 35,37% en marzo de 2023, ha disminuido significativamente, situándose en el 1,5% en febrero de 2025. Y en cuanto al crecimiento económico, el PIB creció un 0,92% en el primer trimestre del año fiscal 2024-25, impulsado por los sectores agrícola y de servicios. Actualmente el PBI de Pakistán es de 337,9 miles de millones USD.


Para cumplir con las condiciones del FMI, el gobierno anunció la eliminación de 150.000 puestos vacantes en la administración pública, además de la disolución y fusión de ministerios, como parte de un plan de ajuste fiscal.


Poder Militar


Pakistán se posiciona como una de las principales potencias militares del sur de Asia. Según el índice Global Firepower de 2025, el país ocupa el puesto 12 entre 145 naciones, con un puntaje de poder militar (PwrIndx) de 0.2513. Este indicador mide el potencial bélico convencional de un Estado, siendo más favorable cuanto más cercano a cero. La ubicación de Pakistán en este ranking refleja un equilibrio estratégico entre sus capacidades militares, su doctrina de defensa y su papel en el sistema internacional.


Las fuerzas armadas paquistaníes se caracterizan por su tamaño y diversidad. El país cuenta con aproximadamente 660.000 efectivos activos, 550.000 en la reserva y cerca de 291.000 fuerzas paramilitares, lo que le otorga una estructura robusta tanto para operaciones externas como para seguridad interna. Esta amplia base de personal es clave para su doctrina de defensa, basada en la capacidad de respuesta rápida y en profundidad.


En cuanto a las fuerzas terrestres, Pakistán posee una capacidad destacable, con más de 2.600 tanques, 662 unidades de artillería autopropulsada y 600 lanzacohetes múltiples. Esta última cifra lo posiciona por encima de su principal rival regional, India, en ese rubro específico. La artillería juega un papel esencial en la planificación táctica paquistaní, sobre todo en escenarios de guerra convencional en la frontera con Cachemira.



La fuerza aérea también constituye un componente central de la defensa nacional. Pakistán opera una flota de 418 aviones de combate, incluyendo cazas y aviones de ataque. La cooperación con China en el desarrollo y producción del caza JF-17 Thunder ha sido fundamental para reducir la dependencia tecnológica externa. Además, cuenta con más de 400 helicópteros, de los cuales 57 son de ataque, lo que fortalece su capacidad de apoyo aéreo cercano y transporte rápido de tropas.


Por su parte, la Armada paquistaní, aunque más limitada en tamaño, se enfoca en la defensa del litoral y la disuasión estratégica en el Mar Arábigo. Dispone de 9 submarinos, 10 fragatas y 17 buques patrulleros. La inclusión de submarinos en su flota fortalece su capacidad de disuasión bajo el agua y complementa su estrategia de defensa asimétrica frente a potencias con superioridad naval.


Un elemento clave del poder militar de Pakistán es su arsenal nuclear. El país posee alrededor de 170 ojivas nucleares y ha desarrollado una doctrina de “disuasión de espectro completo”, que contempla la posibilidad de usar armas nucleares tácticas en caso de una escalada convencional severa. Esta doctrina responde al desequilibrio convencional con India y busca prevenir una guerra total a través de una amenaza creíble.


Además de sus capacidades materiales, Pakistán ha desarrollado alianzas estratégicas con actores como China, Turquía y Estados Unidos. Estas relaciones se expresan en cooperación militar, ejercicios conjuntos, formación de oficiales y transferencia de tecnología. La alianza con China, en particular, le permite a Pakistán compensar su debilidad industrial y acceder a armamento moderno sin depender de proveedores occidentales.


Política Internacional



Afganistán, Talibanes y el Narcotráfico


Pakistán enfrenta una crisis silenciosa vinculada al consumo y tráfico de opioides, una problemática que ha escalado en las últimas décadas debido a factores internos y regionales. Al ser vecino de Afganistán (el mayor productor mundial de opio) Pakistán se ha convertido no solo en una ruta clave de tránsito para el narcotráfico internacional, sino también en un país con una creciente población adicta.


Pakistán forma parte del llamado “Creciente de Oro” o "Triangulo Dorado", una de las principales zonas productoras de opio. A través de sus regiones fronterizas, especialmente Baluchistán y Khyber Pakhtunkhwa, transitan toneladas de heroína y otros derivados del opio hacia mercados internacionales. Esta situación fomenta la corrupción, fortalece redes criminales y debilita el control del Estado en zonas ya inestables.


Según informes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), más de 6 millones de personas en Pakistán tienen problemas de consumo de drogas, y los opioides —como la heroína y la morfina— están entre las sustancias más utilizadas. Esto representa una emergencia sanitaria nacional, agravada por la escasa infraestructura de salud mental y adicciones, y el estigma social que impide a muchas personas buscar ayuda.


Por otro lado, el avance del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), conocido como los talibanes pakistaníes, ha resurgido con fuerza desde la toma del poder por parte de los talibanes afganos en agosto de 2021. Este resurgimiento ha tenido consecuencias significativas para la seguridad interna de Pakistán y sus relaciones con Afganistán.


Tras la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, el TTP ha intensificado sus ataques en Pakistán, aprovechando la inestabilidad regional y la falta de control efectivo en las zonas fronterizas. En diciembre de 2024, el TTP llevó a cabo ataques significativos contra las fuerzas de seguridad pakistaníes, marcando una escalada en su campaña insurgente.


En abril de 2025, las fuerzas armadas pakistaníes enfrentaron una infiltración masiva de militantes en el distrito de Waziristán del Norte, resultando en la muerte de 71 insurgentes en una de las operaciones más letales en años recientes.


Pakistán había anticipado que el ascenso de los talibanes en Afganistán estabilizaría la región y permitiría un control más efectivo sobre grupos como el TTP. Sin embargo, la realidad ha sido contraria. El gobierno talibán afgano no ha tomado medidas decisivas contra el TTP, permitiendo que este grupo opere desde territorio afgano y lance ataques transfronterizos contra Pakistán.



La reactivación del TTP ha exacerbado la inseguridad en las provincias fronterizas de Pakistán, como Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán. Además, ha tensado las relaciones diplomáticas entre Pakistán y Afganistán, complicando los esfuerzos de cooperación regional y aumentando la presión sobre Islamabad para reforzar su seguridad interna y fronteriza.


Conflicto en Cachemira


La disputa por Cachemira es uno de los conflictos más largos y delicados del sur de Asia. Sus raíces se remontan a 1947, cuando el Imperio británico se retiró del subcontinente y dio lugar a la creación de dos nuevos Estados: India y Pakistán. En ese momento, el principado de Jammu y Cachemira, de mayoría musulmana pero gobernado por un maharajá hindú, quedó atrapado entre ambas potencias. El maharajá optó por unirse a la India, lo que provocó la primera guerra entre los dos países. Desde entonces, la región ha sido el epicentro de una disputa que ha alimentado tres guerras y numerosos enfrentamientos armados.


Actualmente, Cachemira se encuentra dividida por la llamada Línea de Control, una frontera militar de facto establecida tras el acuerdo de Simla en 1972. India controla dos tercios del territorio, incluyendo el valle de Cachemira, Jammu y Ladakh, mientras que Pakistán administra el tercio restante, conformado por Azad Cachemira y Gilgit-Baltistán. Sin embargo, ninguno de los dos países reconoce la soberanía del otro sobre sus respectivas zonas de control, y ambos reclaman la región en su totalidad.



La situación se agravó recientemente con un atentado en abril de 2025 en la localidad de Pahalgam, en la Cachemira administrada por India, que dejó más de veinte muertos. India responsabilizó al grupo Resistencia de Cachemira, presuntamente vinculado a redes con base en Pakistán, y respondió con una ofensiva militar denominada “Operación Sindoor”. Esta escalada incluyó ataques aéreos sobre territorio pakistaní, a lo que Pakistán reaccionó con amenazas y represalias, aumentando el riesgo de una confrontación abierta.


Un elemento adicional de tensión ha sido el uso del agua como herramienta geopolítica. India suspendió el Tratado de Aguas del Indo de 1960, que regula el reparto de los caudales del río Indo, esenciales para la agricultura de Pakistán. Esta decisión fue interpretada por Islamabad como un acto hostil, e incluso una forma de guerra indirecta.


Relaciones con Estados Unidos, Rusia y China


Relaciones con China


Pakistán se considera un socio clave para China debido a su ubicación geográfica, que proporciona a Pekín una ruta terrestre directa al Océano Índico a través del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). Este corredor conecta la región china de Xinjiang con el puerto de Gwadar en Pakistán, facilitando el comercio y reduciendo la dependencia de rutas marítimas más largas y potencialmente vulnerables.


A pesar de la importancia estratégica del CPEC, su implementación ha enfrentado varios obstáculos. Las tensiones internas en Pakistán, incluyendo conflictos étnicos y problemas de seguridad, han complicado el progreso de los proyectos. Además, existen preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda y la influencia creciente de China en la economía pakistaní.


La colaboración entre China y Pakistán también ha generado inquietudes en la región, especialmente en India, que ve el CPEC como una amenaza a su seguridad y soberanía, dado que parte del corredor atraviesa áreas disputadas en Cachemira. Esta dinámica añade una capa de complejidad a las relaciones geopolíticas en Asia del Sur.


Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al presidente de China Xi Jimping
Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al presidente de China Xi Jimping

Complejas Relaciones con Estados Unidos


Las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos han sido históricamente complejas y fluctuantes, marcadas por periodos de cooperación estrecha y de tensiones profundas. Durante la Guerra Fría, Pakistán fue un aliado clave para Estados Unidos en su estrategia contra la expansión soviética en Asia, especialmente durante la guerra en Afganistán en los años 80, cuando Pakistán sirvió como un importante apoyo logístico y base para los muyahidines respaldados por Washington.


Sin embargo, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, la relación entró en una nueva fase, con Pakistán como socio en la “guerra contra el terrorismo”, aunque esta alianza fue frecuentemente tensa debido a acusaciones estadounidenses de que Pakistán toleraba o incluso apoyaba a ciertos grupos insurgentes como los talibanes y Haqqani. Esto generó desconfianza y varios momentos de crisis diplomática.


En años recientes, las relaciones han estado marcadas por una cooperación limitada y mutual desconfianza. Estados Unidos valora la posición geoestratégica de Pakistán, pero también critica su política hacia grupos militantes y su relación con China. Pakistán, por su parte, busca mantener un balance entre Estados Unidos y China, con quien tiene una relación más cercana.


Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al expresidente de Estados Unidos Joe Biden y su mujer
Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al expresidente de Estados Unidos Joe Biden y su mujer

Las Relaciones con Rusia


Las relaciones entre Pakistán y Rusia han mejorado notablemente en los últimos años, aunque históricamente fueron limitadas y, durante la Guerra Fría, Rusia (entonces la Unión Soviética) apoyaba principalmente a India, rival de Pakistán. Sin embargo, en la última década, ambos países han buscado acercarse, motivados por intereses estratégicos y geopolíticos comunes, especialmente en el contexto de la creciente influencia de Estados Unidos y China en la región.


El vínculo más fuerte entre Pakistán y Rusia se encuentra en el ámbito militar y de defensa. Rusia ha incrementado la venta de armamento a Pakistán, incluyendo aviones de combate, sistemas de defensa aérea y entrenamiento militar conjunto. Este acercamiento busca diversificar las alianzas de Pakistán más allá de Estados Unidos y China, además de equilibrar el poder en Asia del Sur.


Además, existen intercambios en energía y comercio, pero el vínculo sigue siendo principalmente estratégico-militar. La cooperación en materia de seguridad también incluye coordinación en la lucha contra el terrorismo y el extremismo, dado que ambos países enfrentan amenazas similares en sus regiones.


Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al presidente de Rusia Vladimir Putin
Primer Ministro pakistnaí Shehbaz Sharif junto al presidente de Rusia Vladimir Putin

Derechos Humanos


En 2024 y 2025, la situación de los derechos humanos en Pakistán continúa siendo crítica, con una serie de prácticas estatales que vulneran garantías fundamentales y afectan de forma sistemática a amplios sectores de la sociedad. A pesar de las condiciones sociales precarias que afronta la mayoría de la población, sumado al trabajo infantil y el bajo acceso a servicios, Pakistán afronta problemas en Derechos Humanos significativos.


Uno de los aspectos más preocupantes es la represión de la libertad de expresión y el cierre del espacio cívico. Las autoridades paquistaníes han recurrido a leyes de difamación, sedición y terrorismo cibernético para criminalizar la crítica y silenciar a periodistas, activistas y opositores políticos. Esta tendencia se ha intensificado en períodos electorales, marcados por censura y restricciones al debate público.


A esto se suma el uso persistente de desapariciones forzadas, especialmente en las provincias de Baluchistán y Sindh, donde defensores de derechos humanos y estudiantes han sido detenidos arbitrariamente sin acceso a representación legal ni garantías judiciales. En muchos casos, estas detenciones se prolongan sin información clara sobre el paradero de los detenidos.



Otra preocupación urgente es la decisión de las autoridades de juzgar a civiles en tribunales militares. Estos procesos suelen carecer de transparencia y no cumplen con los estándares internacionales de debido proceso, consolidando una cultura de impunidad. Además, el gobierno ha impulsado marcos legales que limitan severamente el derecho a la protesta pacífica, como la nueva Ley de Asamblea Pacífica, que impone restricciones amplias a manifestaciones y reuniones públicas, socavando el derecho a la participación ciudadana.


En paralelo, las minorías religiosas y étnicas siguen sufriendo discriminación estructural y ataques impunes, mientras que la reciente campaña de deportación masiva de refugiados afganos ha llevado a miles de personas a ser detenidas arbitrariamente y devueltas a un contexto de riesgo en Afganistán, en violación de principios básicos del derecho internacional.


Conclusión


Pakistán es uno de los países más complejos de analizar en el mundo. Su gran poder militar, pero sus constantes conflictos, lo posicionan en un sitio particular en el sistema internacional. Aun así, su arsenal nuclear, su vasto ejército y su posición estratégica lo sitúan en un estado de autonomía considerable en materia geopolítica. Al igual que casos como Turquía, Brasil (solo que sin arsenal nuclear) o su rival India, son los países que logran cierta autonomía en un sistema internacional aplastante con los países tercermundistas.


En materia interna, Pakistán atraviesa grandes desafíos de democratización y la consolidación de un Estado de derecho. Las violaciones a los derechos humanos y la militarización de la política son características que impiden el buen desarrollo del Estado. Por otro lado, la economía se ha vuelto un desafío apremiante para el país y el principal desafío a resolver en los próximos años.


Bibliografía



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