Guerra Civil en Somalia: Un conflicto de más de 30 años
- Franco E. Dorinzi

- 29 oct 2025
- 14 min de lectura
Somalia es un país sumergido en una guerra que parece no tener fin. Décadas de conflicto han sometido a la población a condiciones de vida extremas, entre las más duras del planeta. Cerca de 20 millones de personas conviven cotidianamente con la violencia, en un país con los salarios más bajos del mundo y afectado por graves problemas alimentarios y sanitarios. En este análisis busco describir la dramática situación que atraviesa Somalia como consecuencia de la guerra, así como la complejidad del entorno en el que sus habitantes intentan sobrevivir.

Características Generales de Somalia
Somalia se ubica en el Cuerno de África y cuenta con una población de aproximadamente 19 millones de habitantes. Las ciudades más pobladas son Mogadiscio (la capital y la única que supera el millón de habitantes), Borama, Hargeysa, Berbera y Kismayo. Cerca del 49% de la población vive en áreas urbanas (en su mayoría en barrios precarios), mientras que la otra mitad reside en zonas rurales, donde predominan los estilos de vida nómades. Solo la mitad de los habitantes tiene acceso a la electricidad y apenas el 28% a internet.
El territorio somalí se extiende por unos 637.657 km², compuesto principalmente por llanuras, mesetas y tierras elevadas. En el norte se destacan las montañas Karkaar, que se extienden a cierta distancia del golfo de Adén. El país posee reservas de diversos recursos naturales, como uranio, hierro, estaño, yeso, bauxita, cobre, sal y gas natural. Sin embargo, la explotación de estos recursos es casi inexistente debido a la inestabilidad política y la falta de infraestructura. La mayoría de la población vive de la ganadería nómade o seminómade, destinada al consumo interno.
El sistema político es federal y el territorio se divide en 18 regiones, aunque el gobierno central apenas logra controlar algunas de ellas. Algunas regiones se han declarado independientes, mientras que otras están bajo dominio de grupos yihadistas. Somalia constituye, por tanto, un caso paradigmático de Estado fallido, incapaz de garantizar el control interno, las fronteras ni consolidar la autoridad central.
Las ciudades se gestionan a través de clanes, que imparten justicia, brindan cierta seguridad y conservan estructuras tradicionales. La educación, en su mayoría, está en manos de las mezquitas, donde los niños aprenden únicamente el Corán de manera rudimentaria.
Historia previa a la Guerra Civil
Históricamente Somalia estuvo asociada a la piratería. En la Antigüedad, alejada del control de Roma y Egipto, las ciudades-estado se dedicaban al comercio con los grandes imperios, aunque el saqueo y la piratería en el golfo de Adén eran prácticas comunes. En el siglo VII, el territorio fue incorporado al mundo islámico y la población adoptó rápidamente esta religión, fundando en el siglo XI el primer Estado islámico de la región: el Sultanato de Mogadiscio. Con el paso de los siglos, este fue absorbido por el Sultanato de Ajurán, que coexistió y compitió con otros sultanatos como los de Adal e Ifat. El sultanato de Ajurán se disolvió en el siglo XVII en tres entidades: Majerteen, Warsangli y Geledi, siendo este último el que alcanzó un mayor desarrollo en el siglo XIX.
Durante la Conferencia de Berlín (1884-1885), el territorio quedó bajo control colonial: la mayor parte en manos de Italia y el norte bajo dominio británico. En este contexto surgió la figura de Mohamed Abdullah Hassan, fundador del "Movimiento Derviche", que buscaba la independencia y la creación de una “Gran Somalia”, aunque sin éxito.
Durante el período fascista en Italia, el régimen anexó Etiopía al territorio somalí. Tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del fascismo, el Reino Unido liberó Etiopía y la parte somalí quedó bajo administración italiana con el argumento de preparar su independencia, mientras que el norte permaneció como un protectorado británico.

En 1960, ambas Somalias lograron su independencia y se unificaron en un solo Estado. Ese mismo año firmaron un tratado de defensa mutua con el Reino Unido y, en 1961, promulgaron su primera constitución. La relativa estabilidad duró hasta 1969, cuando el presidente fue asesinado y un golpe de Estado llevó al poder a Mohamed Siad Barre, quien instauró la República Democrática Somalí. Su gobierno autoritario impulsó campañas de alfabetización y promovió la inserción de Somalia en organismos internacionales africanos.
Durante la década de 1970, Barre adoptó una orientación marxista-leninista y un nacionalismo expansionista orientado a la creación de la “Gran Somalia”. En 1977, lanzó una guerra contra Etiopía para anexar el territorio del Ogadén. Sin embargo, Etiopía, apoyada por la Unión Soviética, ganó el conflicto. La derrota derivó en la migración masiva de refugiados etíopes hacia el norte del Cuerno de África, muchos de los cuales fueron luego víctimas de un genocidio por parte del gobierno dictatorial somalí, quien los veía como un peligro para su gobierno, con un saldo estimado de entre 50.000 y 100.000 personas.
El régimen de Barre, debilitado por la guerra, el genocidio y la crisis económica, enfrentó una creciente resistencia interna. En 1986 se inició la Rebelión Somalí, que derivó en 1989 en la caída del régimen y una guerra civil abierta entre múltiples grupos armados; un conflicto que se mantiene hasta la actualidad.
Somalilandia, Puntlandia y Al-Shabaab

Con la caída del régimen, el país fue incapaz de establecer un gobierno central único. El Gobierno Federal de Somalia controla el sur (antiguo territorio italiano), mientras que en el norte surgieron dos administraciones sin reconocimiento internacional: Somalilandia (ex protectorado británico) y Puntlandia, ambas con disputas territoriales y políticas entre sí.
Somalilandia
Somalilandia ocupa unos 177.000 km² (similar a Uruguay) y cuenta con alrededor de seis millones de habitantes. Declaró su independencia en 1960, pocos días antes que Somalia, y fue reconocida por más de 30 países, y luego se unificó en un solo Estado con Somalia. Sin embargo, tras la caída del régimen de Barre y los ataques genocidas contra su población, resurgió la identidad nacional previa y se proclamó nuevamente la independencia, pero ahora sin reconocimiento internacional.
A diferencia de Somalia, Somalilandia funciona como un régimen democrático, con rotación del poder, elecciones periódicas y una constitución aprobada en 2001 que establece un poder legislativo bicameral. Además, emite su propia moneda y pasaporte, mantiene fuerzas armadas y policiales propias, y en la práctica actúa como un Estado soberano, pese a no tener reconocimiento internacional. Mantiene vínculos económicos y diplomáticos con Emiratos Árabes Unidos y Taiwán.

Puntlandia
Puntlandia es una región semiautónoma del noreste de Somalia, con capital administrativa en Garowe y un puerto comercial estratégico en Bosaso. Aunque no busca la independencia, ejerce amplia autonomía política y de seguridad dentro de la federación somalí. Su economía depende del puerto de Bosaso, basado en la exportación de ganado, la pesca, el comercio y las remesas. Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en un socio clave, estableciendo relaciones directas sin mediar con el caótico gobierno central de Somalia.
Sin embargo, Puntlandia enfrenta graves desafíos. Mantiene una disputa territorial con Somalilandia, lo que ha provocado enfrentamientos armados, y sus costas son un foco histórico de piratería, reflejo de los problemas estructurales de la región. Además, al igual que en el resto de Somalia, operan células del ISIS y del grupo yihadista Al-Shabaab, que buscan derrocar a la administración local y expandir su control territorial.
Desde 2006, amplias zonas del territorio bajo el Gobierno Federal han caído bajo control de organizaciones yihadistas, siendo Al-Shabaab la más poderosa y consolidada. Su accionar ha profundizado la fragmentación institucional del país y ha hecho prácticamente imposible la reconstrucción de un Estado somalí unificado.
¿Qué es el Al-Shabaab?
Al-Shabaab (en árabe, “Los Jóvenes”) es un grupo yihadista islamista surgido a mediados de la década del 2000 como el brazo armado de la Unión de Tribunales Islámicos, organización que había tomado el control de gran parte del sur de Somalia imponiendo la sharía (ley islámica). Tras la intervención militar de Etiopía en 2006, Al-Shabaab se consolidó como un movimiento insurgente contra las fuerzas extranjeras y el Gobierno Federal de Somalia. Su objetivo declarado es establecer un Estado islámico regido por la sharía en todo el territorio somalí y, a largo plazo, en el conjunto del Cuerno de África.
Al-Shabaab controla o ejerce influencia sobre amplias zonas rurales del sur y centro de Somalia, particularmente en las regiones de Juba, Bay, Bakool, Hiiraan, Shabelle y partes de Galgaduud. En las principales ciudades, como Mogadiscio, Kismayo y Baidoa, no mantiene control territorial, aunque lleva a cabo atentados suicidas, explosiones y asesinatos selectivos de forma recurrente. Además, cuenta con redes clandestinas activas en casi todas las grandes urbes del país, así como presencia en las zonas fronterizas con Kenia y Etiopía, desde donde ejecuta incursiones y ataques armados.
Hay que recordar que en la región también operó el ISIS. Pero, si bien ambos comparten una ideología islamista extremista, Al-Shabaab está afiliado a Al-Qaeda y no al Estado Islámico (ISIS). Cuando el ISIS intentó establecerse en Somalia entre 2015 y 2016, Al-Shabaab rechazó su presencia y combatió a sus células locales, especialmente en la región norte del país, en las montañas de Puntland.

El grupo mantiene un sistema financiero propio que le permite un alto grado de autosuficiencia. Sus principales fuentes de financiación provienen de la recaudación de “impuestos” y extorsiones en zonas rurales, el contrabando y comercio ilegal, la recaudación en áreas urbanas bajo su influencia, el secuestro con fines de rescate y las donaciones privadas provenientes de redes simpatizantes en el Golfo Pérsico y África Oriental. Se estima que sus ingresos ascienden a decenas de millones de dólares anuales, una cifra comparable a los ingresos del propio Estado somalí.
Intervenciones Extranjeras
Misiones iniciales de la ONU (1992-1995)
La primera misión de la ONU para supervisar el cese al fuego y facilitar ayuda humanitaria durante la grave crisis de hambruna tras el colapso del Estado en 1991 fue la UNOSOM I (de abril 1992 a diciembre 1992). Se desplegaron inicialmente apenas decenas de observadores y pocos centenares de cascos azules, con mandato para escoltar los convoys de auxilio. Sin embargo, la inseguridad en Mogadiscio (Ataques del señor de la guerra Mohamed Aidid) impidió las operaciones de socorro y llevó a solicitar un refuerzo militar mayor. En diciembre de 1992 la ONU traspasó el mando a la fuerza multinacional UNITAF.
La UNITAF, conocida también como “Operación Restaurar la Esperanza” (de diciembre de 1992 a mayo 1993), fue una fuerza multilateral liderada por EE.UU., autorizada por el Consejo de Seguridad permitiendo “todos los medios necesarios” para garantizar un entorno seguro para la ayuda humanitaria. Desplegó unas 37.000 tropas (28.000 de EE.UU. más contingentes de más de 30 países) en el sur y centro de Somalia. UNITAF logró estabilizar parcialmente la situación. Facilitó el envío de alimentos y redujo la emergencia humanitaria, “salvando muchas vidas” según evaluaciones posteriores. En mayo de 1993 UNITAF entregó la misión a la ONU, dando paso a UNOSOM II.
Esta misión de paz de la ONU fue establecida en marzo de 1993 para desarmar facciones y restablecer la paz, la estabilidad y la autoridad estatal en todo el países. Con unos 22.000 efectivos militares y policiales de 27 países, asumió las responsabilidades de UNITAF. Inició un ambicioso programa de construcción nacional (desarme, reconciliación, reconstrucción de instituciones), más allá de la mera entrega de ayuda. Sin embargo, entró en combate con la milicia de Aidid. El momento clave fue la Batalla de Mogadiscio (octubre de 1993), donde murieron 18 soldados estadounidenses (entre otros). Tras esa derrota y por la presión interna en EE.UU., las fuerzas internacionales comenzaron a retirarse (EE.UU. salió en marzo de 1994) y la ONU finalizó UNOSOM II en la primavera de 1995 sin haber logrado un acuerdo político duradero ni estabilizar por completo el país.
Apoyo de la ONU a la AMISOM (2007-2022)
En enero de 2007 la Unión Africana (UA), con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, creó la Misión de la UA en Somalia (AMISOM). Su mandato, renovado periódicamente, era apoyar al Gobierno Federal Transitorio (y luego Federal) de Somalia, desplegar un plan nacional de seguridad, entrenar a las fuerzas somalíes y proveer un entorno seguro para la ayuda humanitaria. En la práctica AMISOM dio apoyo militar directo a esas fuerzas contra los insurgentes islamistas.
La AMISOM llegó a tener unas 16.523 tropas desplegadas (principalmente de Uganda, Kenia, Burundi y Yibuti). Gracias a su intervención, los cascos azules africanos consiguieron expulsar a Al-Shabaab de Mogadiscio (que estuvo bajo su control hasta 2011) y recuperar otras ciudades clave. Esto permitió al Estado somalí restablecer cierta autoridad central y avanzar en la pacificación. Sin embargo, el entorno siguió siendo muy violento: AMISOM sufrió centenares de bajas (más de 500 muertos en combate) y los atentados insurgentes continuaron atacando a sus tropas.
Aunque no era una misión de paz de la ONU sino de la UA, la ONU brindó apoyo logístico y financiero clave. Desde 2007 la Oficina de Apoyo de la ONU en Somalia (UNSOS, antes UNSOA) provee suministros (alimentos, combustible, agua, vehículos) y servicios médicos a los contingentes. También reembolsa parte de los costos (catering, comunicaciones) y financia proyectos de impacto rápido en las zonas liberadas.
Transición a la ATMIS (2022-2025)
En abril de 2022 AMISOM fue reemplazada por la Misión de Transición de la UA en Somalia (ATMIS). Una nueva fuerza de paz africana autorizada por la ONU con mandato temporal (de abril 2022 a diciembre 2024) centrada en transferir la seguridad al Estado somalí. Su objetivo principal es apoyar al Ejército somalí durante el proceso de transición, continuando la lucha contra Al-Shabaab y ampliando progresivamente la autonomía institucional del país.

En su inicio ATMIS contaba con cerca de 20.000 uniformados de Uganda, Burundi, Kenia, Etiopía y Yibutis (posteriormente reducida a unos 14.626 efectivos en 2023). Estas tropas multinacionales se dedican a asegurar áreas recuperadas y entrenar a las fuerzas locales. Desde principios de 2022, Somalia lleva a cabo ofensivas contra Al-Shabaab con apoyo combinado de ATMIS (y en ocasiones de EEUU y otros aliados), buscando retomar pleno control del territorio.
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó un plan de salida gradual: ATMIS debía completar su repliegue antes de fin de 2024, fecha en la que las fuerzas somalíes asumieron la seguridad nacional. Por su parte, la ONU sigue apoyando la transición: UNSOS continúa brindando soporte logístico (suministros, transporte, evacuaciones médicas) a ATMIS, y varios programas de la ONU ayudan a reforzar las capacidades de las fuerzas de Somalia.
La Situación Actual de Somalia, el Pacto con Turquía y las Inversiones Chinas
Las intervenciones internacionales lograron ciertos éxitos tácticos, como la recuperación de ciudades estratégicas y la apertura de espacios institucionales limitados. Sin embargo, no consiguieron resolver los problemas estructurales que sostienen la fragilidad del Estado somalí: la fragmentación política, la persistencia de la "estructura de clanes" y la precariedad económica. Estos factores continúan proporcionando las condiciones que permiten la supervivencia y expansión de Al-Shabaab, así como de otros actores armados locales. Tras la retirada de las tropas en 2024, el vacío de seguridad se hizo aún más evidente, siendo rápidamente explotado por el grupo y diversas milicias.
Con la salida progresiva de las tropas africanas de la ATMIS y la disminución del apoyo internacional, Al-Shabaab logró recuperar la iniciativa militar y política. El grupo ha ampliado su presencia en zonas rurales, incrementado los ataques en áreas urbanas y reforzado la presión sobre rutas estratégicas y centros poblados. En la actualidad, constituye el actor armado más influyente del país y representa la principal amenaza a la seguridad nacional. La ausencia de un ejército nacional con capacidad operativa efectiva ha dejado al gobierno sin medios suficientes para contener su avance.
En este contexto, la transición hacia fuerzas nacionales destinadas a reemplazar a la ATMIS avanza con dificultades significativas. Si bien las fuerzas somalíes han mostrado un crecimiento gradual, aún carecen de la capacidad logística, operativa y de cohesión necesaria para ejercer un control territorial sostenido. A su vez, las tensiones persistentes entre Mogadiscio y los gobiernos regionales (sumadas a las disputas con Somalilandia) obstaculizan la formulación e implementación de una estrategia nacional de seguridad y reconstrucción.
Situación Económica de Somalia
Somalia es un país que mantiene una participación muy limitada en el comercio internacional, lo que refleja su alto grado de aislamiento económico. Apenas exporta e importa una cantidad reducida de productos, con una balanza comercial fuertemente deficitaria. El 29,7% de sus importaciones proviene de China (principalmente productos manufacturados básicos, por un valor aproximado de 968 millones de dólares), seguida por India (25 %) y Turquía (11,1 %). En todos estos casos, Somalia mantiene un saldo comercial negativo considerable.
En cuanto a sus exportaciones, el país destina la mayor parte hacia Arabia Saudita (48% del total) y Omán (30%), siendo estos de los pocos destinos en los que las ventas superan los 200 millones de dólares anuales, concentradas casi exclusivamente en la exportación de ganado en pie.
Violaciones a los Derechos Humanos
Tanto Al-Shabaab como actores estatales o milicias han sido señalados por abusos y violaciones graves a los derechos humanos. En contextos de operaciones militares y controles locales persisten detenciones arbitrarias, represalias y obstáculos a la protección de civiles.
Atrocidades de al-Shabab: ejecuciones sumarias, reclutamiento forzado (incluyendo de menores), atentados indiscriminados contra civiles, imposición de normas estrictas en territorios bajo su control y extorsión que agrava la inseguridad alimentaria.
Abusos por fuerzas estatales y milicias: hay denuncias de ejecuciones, desapariciones, arrestos arbitrarios y violaciones cometidas por fuerzas del Gobierno y por milicias pro-gubernamentales; en el contexto de operaciones intensivas estas violaciones se reportan con frecuencia.
Crisis humanitaria: sequías recurrentes, desplazamientos masivos y colapso parcial de servicios básicos han generado altos niveles de inseguridad alimentaria y crisis sanitaria. La destrucción de infraestructuras y la obstrucción del acceso humanitario por actores armados empeoran la situación. Organizaciones internacionales han advertido sobre una situación sostenida de vulnerabilidad.

Pacto Militar con Turquía, Rol de Estados Unidos y el Despliegue Chino
Tras décadas de conflicto interno, la retirada de las tropas de la misión de la Unión Africana en 2024 dejó un vacío de seguridad, como ya mencionamos, que ha sido aprovechado por el grupo yihadista Al-Shabaab para expandir su influencia. En este contexto, diversas potencias extranjeras (principalmente Turquía, Estados Unidos y China) han incrementado su presencia o influencia en el país, cada una con objetivos distintos que combinan estrategias de seguridad, geoeconomía y posicionamiento político en el Cuerno de África, una región de alto valor estratégico por su cercanía al mar Rojo y al Golfo de Adén.
Turquía se ha consolidado como el actor extranjero más influyente en Somalia en los últimos años. Ankara mantiene en Mogadiscio su mayor base militar en el extranjero, donde entrena a las Fuerzas Armadas somalíes en la lucha contra Al-Shabaab. Además, empresas turcas gestionan el puerto y el aeropuerto de la capital, lo que refuerza su control sobre infraestructuras clave. Este año drones turcos intensificaron operaciones encubiertas contra posiciones yihadistas, demostrando un compromiso directo con la estabilidad del gobierno central. Esta política responde a la estrategia más amplia del presidente Erdoğan de consolidar a Turquía como potencia en África y en el mundo islámico, en una lógica de competencia con Occidente y de expansión de su influencia en zonas donde la presencia europea o estadounidense ha disminuido.
Estados Unidos, por su parte, mantiene un rol centrado en la lucha antiterrorista. A pesar de haber reducido su presencia militar directa, sigue llevando a cabo operaciones aéreas con drones y apoyando a las fuerzas somalíes y regionales en la detección y eliminación de líderes de Al-Shabaab. Washington considera a Somalia una pieza clave en su estrategia de contención del terrorismo en África oriental, y su presencia responde más a objetivos de seguridad que a intereses económicos. Sin embargo, ataques recientes del grupo yihadista a tropas estadounidenses y somalíes han vuelto a poner de manifiesto las limitaciones de este enfoque, que no ha logrado erradicar la amenaza insurgente.
China, en cambio, ha optado por una estrategia de influencia más diplomática y económica. Su interés se concentra en garantizar la estabilidad política del país y en evitar movimientos que amenacen su principio de “una sola China”, como lo demuestra su firme rechazo al acercamiento entre Somalilandia y Taiwán. Beijing busca mantener buenas relaciones con el gobierno central somalí, al tiempo que promueve inversiones en infraestructura y energía dentro de su iniciativa de la Franja y la Ruta. A diferencia de Turquía y Estados Unidos, su participación no es militar sino estructural, orientada a fortalecer la posición de Somalia como socio económico en una región donde China aspira a ampliar su proyección marítima y comercial, en competencia con las potencias occidentales.

En conclusión, Somalia se ha convertido en un país donde el camino hacia la paz parece prácticamente inalcanzable. La casi inexistencia de un Estado funcional, la fragmentación del poder político (con gobiernos internos sin legitimidad internacional) y la influencia determinante del Al-Shabaab han transformado al país en un actor periférico dentro del tablero geopolítico global, condicionado en gran medida por su posición estratégica en el Cuerno de África. Mientras tanto, la población continúa padeciendo los efectos de la guerra, el hambre, el desinterés internacional y la violencia generalizada, con escasas esperanzas de alcanzar una paz duradera.
Bibliografía
https://warontherocks.com/2025/06/flailing-state-the-resurgence-of-al-shabaab-in-somalia/
https://newlinesmag.com/essays/understanding-somalias-destruction/
https://www.laizquierdadiario.com/Que-esta-pasando-en-Somalia
https://www.nytimes.com/es/2024/08/26/espanol/opinion/guerra-africa-etiopia-somalia.html
https://www.africom.mil/pressrelease/35891/us-forces-conduct-strike-targeting-isis-somalia?utm
https://foreignpolicy.com/2025/09/24/turkish-drones-somali-shadow-war/?utm




Comentarios